Concentración NO MÁS MUERTES EN EL ESTRECHO, 5-04-2019,

De   abril 9, 2019

MANIFIESTO escrito por Aventino Andrés Cortés y leído durante la concentración NO MAS MUERTES EN EL ESTRECHO. POR UN MAR DE VIDA Y SOLIDARIO

La recién llegada primavera y los comienzos de abril se estrenaban con el frío comentario al titular de prensa: “Muere por hipotermia un inmigrante subsahariano, tras ser rescatado en el Estrecho de Gibraltar” la embarcación de Salvamento Marítimo rescató a trece tripulantes de patera de origen subsahariano, presentando uno de ellos síntomas de hipotermia severa, por lo que fue trasladado hasta el puerto de Tarifa para ser atendido de urgencias, donde finalmente ha perdido la vida”.
Todos hemos podido escuchar la noticia o leerla en los medios de comunicación, noticia tras la cual han pasado veloces y como en tromba infinidad de noticias de todo tipo. Esta avalancha ininterrumpida de información tiene como primer efecto el poner freno al carácter humano tanto de la noticia en sí como de aquellos que la recibimos. Y todos pasamos página con la pretensión del deber cumplido, sin ni siquiera haber caído en la cuenta de que quien había perdido la vida se trataba nada más y nada menos que de una persona humana.
Y hoy estamos aquí para subrayar precisamente esto: que la persona que pierde la vida no es un objeto de trato, ni motivo de ocasión de engordar negocios, ni solo mano de obra, como apunta la vigente Ley de Extranjería.
La persona, cualquier persona, tiene valor en sí misma y es un acontecimiento irrepetible en la historia.
Toda persona, además, está constituida por un pasado concreto, unas raíces y una familia; una historia y cultura hechas y compartidas con otras personas. Tiene sus sueños y proyectos y también sus frustraciones, problemas y fracasos.
Todo eso y mucho más se pierde cuando se corta una vida, bien porque naufragó la patera, bien porque sus ocupantes no han podido aguantar las duras condiciones de la travesía.
Porque tras el lenguaje aséptico de que el inmigrante ha muerto de hipotermia severa, se esconde la dura experiencia humana del frío y la humedad que junto con la zozobra y el miedo, corroen las entrañas y la mente, previas al último suspiro.
Hoy queremos subrayar este lado humano de la inmigración, porque las cosas en este terreno ni van bien ni siquiera mejor, como a veces pretenden hacernos tragar. Y no van bien cuando la promesa de la retirada de las concertinas se va dilatando indefinidamente en el tiempo: asunto que le arrancó esta afirmación al corazón del Papa Francisco: “El mundo se olvidó de llorar; esto es lo más inhumano que hay y que demuestra hasta dónde es capaz de descender la humanidad de una persona”.
Tampoco van bien las cosas cuando sigue manteniéndose la política de los CIES, como parte de la solución a la llegada de inmigrantes y en donde las personas allí encerradas, se ven privadas de tantos derechos como su condición humana les asiste.
Las cosas no van mejor cuando las peticiones de asilo parecen perderse en los cajones de los despachos de la Administración y los solicitantes ven pasar los días y los meses sin que vean atendidas sus aspiraciones.
Por último, las cosas no van bien cuando precisamente en tiempo de elecciones, como el actual, se diría que se acrecientan los muros internos que poco a poco hemos levantado en nuestra sociedad, acentuando con ello la separación entre “ellos” y “nosotros” y el miedo y la sospecha ante el “diferente”.

Cerramos las reflexiones de nuestra concentración de hoy haciendo nuestras las palabras de la Campaña de SOS Racismo, “imagínate”:

“Imagínate que un día, después de dejar a los niños en el cole,
dos hombres te obligan a meterte en un coche.
Te meten en una habitación, sientes miedo.
Te provocan miedo. Te privan de libertad, de tu libertad, de la libertad.
No entiendes nada de lo que está pasando.
No puedes regresar a casa. No puedes recoger a los niños del cole.
Tu vida se ha detenido. Ya no eres dueño de tus actos. Te quitan el nombre. Ya no eres más que un número. Estás en un Centro de Internamiento de Extranjeros.
Porque te quedaste sin trabajo y no pudiste renovar tus papeles. No solo perdiste tus papeles, perdiste tus derechos.
Porque llegaste huyendo de la guerra, del terrorismo, huyendo del hambre, soñando con una vida digna. Tardaste cinco años en llegar a Europa sufriendo lo que no puedo ni imaginar y ahora, ahora.
Ahora no sabes qué va a pasar. Te desesperas. Crees que te puedes volver loco. Y todo para qué, por qué, por qué, por qué.
No tiene sentido, no, no, no….”

Concentración organizada por Algeciras Acoge y APDHA Campo de Gibraltar

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