No a la trata

Algeciras Acoge y las víctimas de la trata de seres humanos

Probablemente, la primera señal de una situación de trata que tuvo la Asociación se remonta a lalogo_rinara_naranja época de mediados de los años noventa; años en los que Algeciras Acoge desconocía por completo la dimensión de esa realidad. La entidad colaboraba con organizaciones andaluzas participantes en los programas de acogida temporal y que facilitaba el traslado de inmigrantes desde Ceuta y Melilla a la Península, con permisos de residencia por circunstancias excepcionales. Una llamada desde Ceuta alertaba a la organización del paso de una mujer joven nigeriana que, con mucho miedo, decía no querer ir con quienes la esperaban para forzarla a trabajar como prostituta en algún lugar del territorio español u otro país europeo.

Por aquel entonces, también son atendidas en la Asociación algunas mujeres nigerianas que, habiendo llegado procedentes de Alemania pretendían pasar a Ceuta para, beneficiándose de los programas de acogida, poder retornar a la Península con su situación administrativa regularizada y regresar a Alemania para seguir con “su trabajo”. Aquel viaje en sentido inverso dejó en quienes atendieron a estas mujeres gran sorpresa e ideas poco claras sobre la realidad que pudiera haber detrás de ese recorrido tan inusual.

Hacia el final de la década de los noventa y principios de la siguiente, por algunas organizaciones ya se nombraba como “mafiosos” (aún sin saber hasta qué punto eso podría ser cierto) a un grupo llamativo de hombres subsaharianos que, con potentes coches, muy trajeados y con abalorios dorados ostentosos, esperaban a las mujeres llegadas desde Ceuta al puerto de Algeciras, o a las recién llegadas a la costa en las embarcaciones neumáticas. Este grupo conocía y controlaba perfectamente las horas de llegada y los lugares donde estas mujeres eran alojadas.

A partir del verano del 2.000, la cara violenta de la trata de seres humanos se va haciendo muy presente para la Asociación y se pasa del conocimiento de casos individuales y aislados, a conocer grupos de mujeres llegadas en distintas fechas que comparten la misma historia de brutalidad y terror. Mujeres jóvenes subsaharianas, principalmente originarias de Nigeria, algunas embarazadas o con bebés, que en un ambiente de confianza relatan pormenores de su viaje “organizado”: deuda contraída (hasta de 50.000 $), múltiples violaciones sufridas en el camino, “marido” del viaje, amenazas a ellas y a sus familias, miedo al “juju”, secuestros sufridos a su llegada, control de la “madame”, papel jugado por otras y otros compatriotas durante el viaje o una vez llegadas aquí, prostitución forzada, etc.

Y fue en el año 2.004 cuando la Asociación se vio implicada intensamente y durante años, en el acompañamiento en su recuperación y recomposición personal a una víctima del delito de la trata con fines de explotación sexual. La experiencia vino de la mano de una mujer nigeriana que, habiendo llegado a la costa tarifeña a finales del año 2.002, decidió por propia iniciativa denunciar a la “madame” y resto de miembros de la red. Una decisión tomada tras soportar agresiones constantes, ser prostituida en la calle, sufrir un aborto forzado y lo más trágico para ella, no poder tener consigo a su hijo de dos años por estar éste con una familia a la que había sido entregado por la “madame”. Era universitaria, de familia acomodada, con un matrimonio no aceptado por su entorno cercano, con un marido que no quería que continuara adelante con su embarazo y que la exigía abortar. Decidió huir de su país, un conocido le facilitó el viaje y le ofertó trabajar en un comercio en España. Su deuda ascendía a 40.000 $.

En todo este tiempo de existencia asociativa han sido atendidas otras mujeres, de diversas nacionalidades (colombiana, brasileña, rumana, camerunesa, nigeriana, costamarfileña, eritrea, nicaragüense, boliviana, rusa), que fueron identificadas como víctimas de trata, 3 de ellas con estatus de “testigo protegido”. Y señalar, un único caso atendido por la Asociación en que la víctima era hombre; un joven brasileño que era explotado sexualmente en un club de la zona. El ámbito de explotación reiteradamente utilizado en las historias conocidas, ha sido el del comercio sexual pero igualmente, han sido atendidas víctimas de explotación laboral en trabajo doméstico y matrimonio servil.

Desde el año 2.009 “Algeciras Acoge” ha venido dedicando especial esfuerzo a la detección de posibles víctimas de trata en el Centro de Internamiento de Extranjeros. Una intervención delicada, con entrevistas individualizadas a personas, principalmente mujeres (hasta el 8 de junio de 2.017 en que deja de ser utilizado este CIE para su internamiento), que pueden haber sufrido largos periodos de violencia, engaño y coacción, muy dañadas emocionalmente, y que atendiendo a la legalidad española su futuro inmediato está marcado por una expulsión del país. En una atmósfera que propicie compartir confidencias y vencer miedos, se trata de lograr que puedan acogerse a algunas de las vías que la ley pone a su disposición, bien sea denunciando y colaborando con la Administración o bien, acogiéndose al procedimiento de solicitud de protección internacional.

Esta misma labor, de detección de posibles víctimas de trata, se viene realizando en las salidas a espacios de prostitución y, en la sede asociativa, prestando especial atención a menores y jóvenes que migran sin referentes familiares.

En todos los casos, el objetivo es evitar la expulsión de una víctima de trata, evitar que pueda caer nuevamente bajo el dominio de la organización delictiva. El objetivo es que pueda vivir sin miedo, sin amenazas, sin golpes, sin tortura, sin ser violentados sus derechos humanos… que pueda ser amparada por el sistema de protección disponible y que pueda retomar gradualmente el control de su vida. Siempre respetando que la toma de decisiones le corresponde a ella, y que primar la salvaguarda de su vida y la de su familia, así como proteger los derechos humanos, prevalece sobre la persecución del delito.

Combatir la trata de personas requiere formación específica y colaboración interinstitucional. Combatir la trata, es lograr que toda posible víctima que contacte por cualquier motivo con una organización, pública o privada, sea detectada, identificada y protegida convenientemente o en su defecto, si rechaza tales medidas, que al menos reciba la información imprescindible para salvaguardar su vida y tomar sus decisiones en consecuencia.

 

“La trata de personas es una forma de esclavitud moderna, una violación de los derechos humanos que constituye un delito contra la seguridad humana y contra la seguridad del Estado.”